Dolor.
Borian
observaba desde la lejanía como Sorana lloraba desconsoladamente arrodillada
sobre la tierra quemada de lo que una vez fue su único hogar con la sombra de
la imponente montaña de nombre Sarel cubriéndolos a ambos, el día desaparecía
al igual que el sentimiento de justicia del corazón de aquella muchacha que
clamaba venganza con sus propias lágrimas.
El
nombre de aquel lugar se desvanecía como un susurro arrastrado por las fuertes
corrientes de aire… Arha Draconis.
Desesperanza.
Borian
percibía la grave situación de los rebeldes que se hallaban en el inmenso
pantano de Krossanh. Innumerables heridos se agitaban, mascullaban plegarias, maldecían,
sollozaban, se rendían… Morían. Las palabras no eran necesarias en aquel lugar,
ya no. Los gestos de consolación sobraban y las frases de ánimo sonaban más
desconsoladoras que otra cosa. La guerra, así es la guerra, los padres
entierran a sus hijos en estos tiempos. ¿Qué le puedes decir a un padre que
pierde un hijo más que la esperanza se fue con él?
Angustia.
Borian
contemplaba con sus dos espadas desenfundadas recubiertas de sangre y suciedad
como los cadáveres de tanto enemigos y amigos se amontonaban a su alrededor.
¿Acaso quedaría alguien para vivir el mundo que intentaba desesperadamente
conseguir? Un mundo que tal vez no consiguiera ver. El hecho mismo de ganar una
pequeña escaramuza como aquella suponía más una pérdida que una propia
victoria. ¿Acaso no luchaban por la vida? No podían culpar a Gorometh de
aquellas barbaries, no. Los responsables de aquello solo podían ser ellos
mismos.
Desaliento.
Borian
examinaba los rostros de las personas que fueron sus más cercanos en Theras.
Rostros cuyos dueños no querían mostrar, pero en realidad manifestaban la dura
represión que había caído sobre ellos. Iba montado sobre Robusto seguido por
Alhan, Sorana y un grupo de rebeldes afines a su causa que posiblemente
evitaban sus miradas porque sabían lo que significaban. Borian en cambio,
necesitaba mirarles a los ojos a todos porque una vez más, sabía por lo que tenía
que ser fuerte.
Héroe.
-Lo
peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.- Ambos caminaban
juntos por la sala de trofeos de la Academia.- Basta un instante para hacer un
héroe y una vida entera para hacer un hombre de bien, porque no hay héroe en la
soledad, los actos sublimes están determinados siempre por el entusiasmo de
muchos.- La sensación que embargaba a Borian de paz, tranquilidad y protección
que emanaban de aquel hombre ciego, su maestro, era indescifrable.
-Tú
eres un héroe, Maestro.- Se detuvieron enfrente del arma que acabó la guerra
contra los Eldars.
-Creo
que un héroe es quien entiende la responsabilidad que conlleva su libertad.-
Ante aquella afirmación del Maestro Kael-North, Borian solo pudo asentir
conforme miraba la preciosa espada que descansaba sobre su soporte.
-Volvamos
a esos días felices en lo que había héroes, Maestro.- Comentó finalmente Borian
con tono serio, pero a la vez esperanzador.
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