jueves, 10 de mayo de 2012


Entrada 1

Día, lo ignoro.
Mes, lo ignoro.
Año, lo ignoro.

Hasta hace unos momentos, antes incluso de que matara al tipo que yace junto a la cama en la que me he despertado, no sabía siquiera qué cojones era todo esto. He debido de gemir o emitir algún ruido del que tan apenas recuerdo, para que aquella persona se acercara a mí. La sensación que he tenido nada más abrir los ojos ha sido de absoluto pánico, temor, miedo, incertidumbre, pena, tristeza, dolor, abandono, soledad, ¿Vacio? No sé quién soy, ni tampoco sé quién era él. Pese a todo él está muerto y yo, no. Le he arremetido con una brutalidad de la que desconozco su procedencia. Mientras escribo esto, me estoy dando cuenta de que estoy recobrando el sentido del olfato si es que en algún momento lo perdí. Aunque reconozco muy bien ese olor, el olor acre y fuerte de la sangre y la putrefacción. También distingo el olor a orina y heces, el muy imbécil se debió mear y cagar en los pantalones antes de que estampara su cabeza y la reventara contra una mesa de duro roble. Que, por supuesto quedó tan, o más destrozada que el cadáver. Aunque no recuerde nada en absoluto de lo ocurrido antes de despertarme en este habitáculo, tengo varias certezas. Estoy “recluido” en, digamos, una especie de cabaña con cuatro ventanas: Dos a los lados de la puerta y las otras dos en los laterales.
Segunda evidencia que he encontrado, quien fuera este tío al que acabo de matar hace unos minutos, él me custodiaba, ya que, pese a no darme cuenta en un principio, llevaba en las manos una escopeta de doble cañón bastante demacrada, vieja y con un mango de madera agrietado, posiblemente de golpear a alguien.
Tercera evidencia, la puerta está cerrada desde fuera, por lo que me lleva a pensar que no se fiaban ni una mierda de este tipo y presupongo que de mí, tampoco.
Cuarta evidencia, que corroboran el resto de mis suposiciones. Al mirar por todas las ventanas me encuentro con que estoy rodeado de un jodido desierto. Quien me metiese aquí, quería asegurarse de que por mucho que matara a este tipo, me las ingeniase en salir no llegaría lejos.
He hecho una rápida inspección de mi pequeña jaula, primero para tranquilizarme y después para saber qué cojones pasa aquí. La habitación está llena de muebles de madera medio podridos todos, restos de comida por todos lados y también de algunas botellas de licor. Pero en realidad no hay nada realmente servible y creo que empiezo a sufrir de deshidratación No se cuanto tiempo llevare aquí, pero no podre soportarlo mucho más…
Aunque para no haber nada útil en esta puta cabaña, lo más inquietante de todo es que sobre la mesa, que estaba pegada a la pared sin ventana, se encontraba este libro en blanco en el que estoy escribiendo mis primeros minutos de vida o eso creo que son. Pero lo que más me cabrea es la disposición en la que se encontraba el libro y la pluma con la que escribo, además de unas palabras que no acabo de comprender en la primera pagina de todas: “Tu viaje hacia el crepúsculo, supondrá el nuevo Fin del mundo.”
De todas formas, mi primer instinto nada más ver el libro y la pluma ha sido acercarme a él y comenzar a escribir todo esto. Las palabras se agolpan en mi mente, queriendo salir todas a la vez y es… ¡Insoportable! ¿Acaso tengo algo qué recordar? Soy consciente de lo que ha ocurrido en estos minutos, pero si hay algo más, algo anterior… ¿Por qué no soy capaz de recordarlo?
La falta de comida y de agua en mi cuerpo está haciendo mella en mí. Tanto que soy capaz de imaginarme el galope de unos caballos acercándose…

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